¡Pare de sufrir!

Pare de sufrir
Vivimos en una sociedad cuya cultura entiende la vida atravesada por el sufrimiento y la culpa. Nos educan en esa lógica, y así vivimos. Lo que tomamos como natural, como “deber ser” son los restos de lo que alguna vez formó parte de un cuerpo de creencias cuya función eran la cohesión y el control social.
Hace un tiempo publiqué una nota que decía que la fuente del sufrimiento está dentro nuestro, lo generamos con nuestros pensamientos, lo generamos inconscientemente, con lecturas de la realidad que están influenciadas por nuestro aprendizaje. Decía esa nota: “…El sufrimiento no proviene de los hechos, sino de tu percepción de los hechos; es el significado que le das a lo que estás procesando en ese momento…”
Realmente la lógica del sufrimiento es un aprendizaje que traemos de casa desde nuestra infancia y adolescencia. Está tan grabado en la mente que lo aplicamos a nuestra vida sin darnos cuenta.
Y se transmite de generación en generación, lo que más nos han lastimado de nuestros padres, lo repetimos con otros.
Esto ocurre de manera inconsciente, sin querer, repetiremos lo mismo que aprendimos.
Para poder cambiar de perspectiva deberíamos reconocer nuestros errores de aprendizaje respecto al sufrimiento.
Leyendo sobre el tema encontré un artículo de la Dra. Lydia Febre que habla del proceso individual, comparto algunos pasajes que pueden resultar esclarecedores:
“…Puede ser que nuestro padre o madre hayan enfrentado los problemas de la vida con dolor. Tal vez transitaron una época de infortunio por pobreza, abandonos, enfermedades, rencores, venganzas.
Todo eso, que ha estado en la cabeza y en la historia de nuestros mayores, nos fue transmitido y aplicado a través de la comunicación.
Sin querer, hemos aprendido lo que nuestros padres tuvieron en su historia. Todo lo que tiene que ver con el sufrimiento, es una actitud que la persona tiene frente a la vida y que le permite enfrentar los problemas, defendiéndose a través de la amargura.
La depresión, la tristeza y el sufrimiento, pueden ser actitudes de defensa. La persona se esconde atrás de esos roles y cuando hay un problema que lo supera, recurre a la depresión. El YO se repliega y esconde, se transforma en débil y evitativo. No resuelve y adopta una actitud esquiva, negativa y de carencia.
El sufrimiento, es una actitud de debilidad en donde el yo se fragiliza y deja de combatir, ubicándose en una posición de derrota.
Al ser adultos, descubrimos en nosotros algunas respuestas de dolor y no entendemos por qué. Si analizamos los elementos del presente, tenemos todo para ser feliz, lo que no significa que lo concretemos en nuestra historia.
La visión negativa está desarrollando una actitud de tanta agresión con el YO, que le impide disfrutar.
La Cultura del sufrimiento impide celebrar, ver las cosas positivas, reconocerlas, sumarlas.
Existe una actitud de negación a darnos el permiso para disfrutar, para reír.
En esta cultura hay una actitud costumbrista: la culpa. Toda persona angustiada, depresiva y con un profundo sentimiento de dolor se está sintiendo culpable.
Siente que su vida no sirve, se desvaloriza, no reconoce su potencial, no valora lo que sabe hacer, lo que pudo lograr. Pierde la iniciativa, la voluntad, porque entra en un estado de quebrantamiento interno, de profunda derrota.
De esa forma irá avanzando en la vida y establecerá sus vínculos.
La persona depresiva se ubica bajo un rol de víctima, donde la autocompasión puede ir profundizando y dramatizando su actitud frente a la vida.
El rol de víctima le impedirá ver la victoria, lo paralizará. Todos sus proyectos sufrirán un detenimiento. Si comienza a estudiar, interrumpirá, si comienza un negocio, se asustará (sea por la posibilidad de fracaso, como la de éxito).
Estamos inmersos en esa cultura si no somos capaces de aceptar ni la victoria, ni la celebración de cada día.
Nos posicionamos en una actitud acusatoria, buscando responsables: nuestros padres, maestros, porque no nos explicaron a tiempo que la vida es difícil.
Perdemos tanto tiempo buscando culpables que terminamos transformando esos conflictos en el centro de nuestra vida.
La Cultura de sufrimiento se establece cuando todos los pensamientos pasan a depender de los problemas y conflictos.”
Creo que vale la pena reflexionar sobre cómo nos afectan las cosas y sobre cómo las encaramos; nuestros vínculos, el maltrato, el afecto, el esfuerzo, la felicidad cotidiana, la culpa, y todo lo que nos afecta y nos lleva muchas veces a obtener resultados que no son los que deseamos.
Piénsenlo!, y…que tengan un lindo fin de semana.

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