¡No te amargues la vida!

no amargarse
La semana pasada estaba leyendo el periódico y me encontré con un reportaje a un psicólogo catalán, Rafael Santandreu. Me pareció muy interesante y razonable lo que plantea, Santandreu propone desdramatizar o “dejar de terribilizar”. Casi nada de lo que nos pasa es tan malo. Según él, la creación de necesidades artificiales es lo que nos provoca neurosis e infelicidad.
Aquirí el libro titulado “El arte de no amargarse la vida” que les recomiendo, a continuación les transcribo algunos pasajes.

(…)Existe una expresión en el idioma italiano que define muy bien este fenómeno. Cuando uno es demasiado exigente con la realidad, le llaman «iluso deluso», un iluso desilusionado. El neurótico imagina que la realidad debería ser de una forma determinada
(sin tráfico, sin impuestos, sin dificultades para aparcar…) y se enfurece (o entristece) cuando no es así. En ese sentido, es muy poco realista, se comporta como un niño egocéntrico. Parece que dice: «¡El universo debería girar en la dirección que yo dicto!».
Cuando estamos neuróticos nos conviene aprender que todas esas exigencias no son necesarias para ser feliz. Nadie necesita que no existan atascos de tráfico, que no existan impuestos, etc. Lo mejor es olvidarse de esos «debería», renunciar a esas ideas estúpidas y aprovechar de una vez lo que sí se posee, lo que la realidad pone a nuestro servicio.
Si limpiamos nuestra mente de exigencias irracionales, nos daremos cuenta de lo mucho que ofrece la vida para disfrutar.
Por todo ello, la enfermedad que origina la ansiedad y la depresión, la «terribilitis», también podría denominarse «necesititis», la tendencia a creer que «necesito, necesito y necesito para ser feliz». El hombre —o mujer— maduro es aquel que sabe que no necesita casi nada para ser feliz. (…)
(…) En la mente de las personas maduras hay una especie de línea imaginaria que distingue claramente entre «deseo» y «necesidad». Desgraciadamente, muchos confundimos con frecuencia ambos conceptos. Un deseo es algo que «me gustaría» ver cumplido, pero que «no necesito». En cambio, una necesidad es algo sin lo cual realmente NO puedo funcionar.
La realidad —lo mires por donde lo mires— es que las necesidades del ser humano son la bebida, la comida y la protección frente a las inclemencias del tiempo —si es que el lugar donde vives es inclemente—. Nada más.
Es bueno tener deseos, es natural.
Deseamos poseer cosas, divertirnos, estar cómodos, que nos amen, hacer el amor…, y todos esos deseos son legítimos, siempre y cuando no los transformemos supersticiosamente en necesidades.
Y es que los deseos causan placer. Las necesidades inventadas producen inseguridad, insatisfacción, ansiedad y depresión.
Sin embargo, parece que las personas tenemos una fuerte tendencia a crear necesidades ficticias a partir de deseos legítimos.
La creación de necesidades artificiales produce malestar emocional, tanto si las satisfaces como si no, porque:
a) Si no lo consigues, eres un desgraciado…
b) Y si lo consigues, siempre lo podrías perder…, y ya estás introduciendo el miedo y la inseguridad en tu mente. (…)
(…)Si los deseos no se cumplen, no pasa nada; no los necesitamos para sentirnos plenos, para disfrutar de nuestras otras posibilidades. Y es que, al margen de la bebida y la comida, no es racional «necesitar» nada más: ni amor, ni compañía, ni diversión, ni cultura, ni sexo… (…)
(…)Ésta es la lista de las diez ideas principales generadoras de malestar que afectan a las personas de nuestro tiempo:
1. Necesito tener a mi lado a alguien que me ame; de lo contrario, ¡qué vida más triste!
2. Tengo que ser alguien en la vida, aprovechar bien mis cualidades y virtudes. De lo contrario, me sentiría fracasado.
3. No puedo tolerar que la gente me menosprecie en público. Debo saber responder y defender mi imagen.
4. Debo tener un piso en propiedad. De lo contrario, soy un maldito fracasado muerto de hambre.
5. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Y lo más deseable es vivir mucho tiempo; cuanto más, mejor: ¡incluso cien años o más!
6. Tengo que ayudar a mis familiares: padres, abuelos, hijos… Mi ayuda es fundamental para su felicidad.
7. Si mi pareja me pone los cuernos, no puedo continuar con esa relación. La infidelidad es una cosa terrible que te destroza por dentro.
8. Tengo que tener una vida emocionante. De lo contrario, mi vida es un aburrimiento y, de alguna forma, un desperdicio.
9. Más siempre es mejor. El progreso siempre es bueno y consiste en tener más cosas, más oportunidades, más inteligencia…; esto es obvio en el caso de desear cada vez más y más cosas buenas como paz y alegría.
10. La soledad es muy mala. Los seres humanos necesitan tener a alguien cerca porque si no, son unos desgraciados.
Ésta es sólo una lista Ésta es sólo una lista de las muchas que puede haber. En todo caso, son las que yo me encuentro con más frecuencia al leer los periódicos, hablar con mis amigos y trabajar con mis pacientes.
Todas y cada una de estas aseveraciones son creencias irracionales que originan malestar neurótico o irracional. Nadie necesita ninguna de las cosas de esa lista: ni
pareja, ni seguridad laboral ni salud, en realidad. Se trata de preferencias y objetivos legítimos, pero jamás condiciones indispensables para la felicidad.

Pasajes del libro El arte de no amargarse la vida, Oniro, Barcelona, 2011

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