¿Qué queremos de la vida?

Cuando decidimos nuestro futuro profesional, laboral, emocional, familiar, etc; ¿realmente estamos decidiendo en base a deseos propios?
Hace cincuenta años, las reglas del juego eran más claras. Uno conformaba su individualidad en relación a el lugar que ocupaba dentro del mundo laboral, los roles familiares estaban delimitados, y las posibilidades de prosperidad eran previsibles. Esto significaba que asumiendo ciertos comportamientos y aceptando las reglas del juego podíamos saber dónde íbamos a llegar, incluso saber en qué momento llegaríamos. Sabíamos por ejemplo cuáles podían ser nuestras expectativas de ascenso y ahorro de acuerdo al trabajo y a la formación que tuviéramos; las mujeres sabíamos que era deseable formar un hogar y ocuparnos de la vida doméstica; también sabíamos cómo educar a nuestros hijos en relación a los parámetros establecidos. No era necesario armar un esquema, sólo obedecer esos mandatos. Entonces lograríamos ocupar un lugar respetado, una calidad de vida aceptable, etc.. Esa realidad pautada, lineal y previsible podría ejemplificarse en referencia a otros ámbitos, sociales, culturales, educativos, etc.
Por múltiples razones que no analizaremos en este momento, ese modelo entró en crisis, y no fue remplazado por otro de las mismas características. El cambio plantó un nuevo escenario más incierto, flexible, en el que nada está dado, nada es lineal. En muchos aspectos los mandatos y las aspiraciones no se modificaron, pero no están dadas las condiciones para alcanzarlos tan fácilmente. Es ese desajuste el que queremos señalar. A nuestro entender lo que la nueva realidad demanda es que cada persona se constituya como individuo y decida qué quiere hacer y cómo quiere vivir, y elija las opciones que más lo acercan a eso. Antes el medio moldeaba al individuo, ahora es al revés. Pero se trata de un desafío complicado, que requiere no sólo claridad sino valentía. Las recompensas pueden ser muchas. Antes los costos de desobedecer al modelo impuesto por la sociedad eran altos, ahora se invirtió esa relación. Si obedecemos, los costos pueden ser más altos que los beneficios.
Como todo, tiene ventajas y desventajas, la desventaja es que nos sentimos más desprotegidos, y la ventaja es que se nos abren infinidad de posibilidades. Pero es una tarea que debemos encarar. Debemos comprometernos con nuestra vida y definir las expectativas y el camino que queremos seguir para no quedar en el medio, repitiendo conductas que refieren a un modelo que ya no existe y por tanto nos dan resultados poco satisfactorios, debemos intentar ser creativos, innovar, generar nuestros propios espacios.
¿Ustedes qué opinan?¿qué les dice la experiencia?

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